domingo, 15 de octubre de 2017

[Domingo de Poesía] El despertar

domingo, 15 de octubre de 2017
Señores, hacía dos meses que no os traía un Domingo de Poesía. Y ya sé que no es una sección (ni un género literario) especialmente popular, pero para mí el verso es oxígeno y no pienso dejar morir esta posibilidad de compartirlo. 
En estos dos meses, la poesía ha seguido en mi vida con la misma fuerza. Descubro nombres nuevos cada día (gallegos, sobre todo, ahora que vuelvo a estar aquí) y me emociono con palabras ajenas a diario. También he escrito, y bastante, y me ha dado tiempo de enviar material a un par de certámenes de los que seguramente no saque nada más que el hecho de haber producido a conciencia.
En fin, que esto es lo que soy. Que seguiré buscando formas de empujar al mundo hacia el verso.


ALEJANDRA PIZARNIK

Imagen tomada de laregion.es
Nacida en Avellaneda (Argentina) en 1936, Alejandra Pizarnik podría incluirse en el grupo de los poetas malditos debido a su tormentosa vida y obra, así como a su suicidio por sobredosis.
Criada en el seno de una familia de origen ruso y eslovaco, de niña experimentó dificultades de integración en su entorno escolar, pero también en casa se sentía inferior con respecto a su hermana. La Segunda Guerra Mundial dejó cicatrices imborrables en sus padres, judíos, de las que ella también fue partícipe. De adolescente, el acné, el asma y la tendencia a ganar peso marcaron su autoestima y la condujeron a injerir anfetaminas para adelgazar; se volvería adicta a las pastillas, en las que vería una salida a la angustia que le producía no sentirse cómoda en sí misma.
Se convirtió en la chica rara, problemática, que actuaba en contra de las normas y no se sentía a gusto en ningún sitio. Presa siempre de la necesidad de desdoblarse y ser muchas Alejandras en lugar de una sola, pasó por las carreras de Filosofía, Periodismo y Letras, así como talleres de poesía y pintura.
Vivió cuatro años en París trabajando como traductora y explorándose como poeta. Alejandra buscaba su lugar en el mundo en París y halló un círculo artístico que aplaudía y ensalzaba su conducta destructiva. A su regreso a Argentina, se fue encerrando más y más en sí misma y aislando del entorno. La muerte de su padre marcó también un punto álgido en el desarrollo de su depresión. 
Murió de sobredosis en Buenos Aires a los 36 años, tras otros dos intentos de suicidio previos. 
Sus mayores influencias literarias fueron el surrealismo, el simbolismo y el romanticismo. Su poesía es turbulenta, violenta, sexual. Sus relaciones con hombres y mujeres están presentes de forma explícita en sus versos, y la forma en que dio voz de mujer al erotismo la convirtió enseguida en un icono feminista.
El psicoanalista León Ostrov fue una figura fundamental en la vida de Pizarnik. Las sesiones de terapia que compartían eran a veces sesiones de poesía, como él mismo afirmaría en 1983: "Quedaba en ocasiones, sino olvidada, postergada mi específica tarea profesional, como si yo hubiera entrado en el mundo mágico de Alejandra no para exorcizar sus fantasmas sino para compartirlos y sufrir y deleitarme con ellos, con ella. No estoy seguro de haberla siempre psicoanalizado; sé que siempre Alejandra me poetizaba a mí".

El poema que he elegido para este domingo está, precisamente, dedicado a Ostrov.


EL DESPERTAR
a León Ostrov


Señor 
La jaula se ha vuelto pájaro 
y se ha volado 
y mi corazón está loco 
porque aúlla a la muerte 
y sonríe detrás del viento 
a mis delirios 

Qué haré con el miedo 
Qué haré con el miedo 

Ya no baila la luz en mi sonrisa 
ni las estaciones queman palomas en mis ideas 
Mis manos se han desnudado 
y se han ido donde la muerte 
enseña a vivir a los muertos 

Señor 
El aire me castiga el ser 
Detrás del aire hay monstruos 
que beben de mi sangre 

Es el desastre 
Es la hora del vacío no vacío 
Es el instante de poner cerrojo a los labios 
oír a los condenados gritar 
contemplar a cada uno de mis nombres 
ahorcados en la nada. 

Señor 
Tengo veinte años 
También mis ojos tienen veinte años 
y sin embargo no dicen nada 

Señor 
He consumado mi vida en un instante 
La última inocencia estalló 
Ahora es nunca o jamás 
o simplemente fue 

¿Cómo no me suicido frente a un espejo 
y desaparezco para reaparecer en el mar 
donde un gran barco me esperaría 
con las luces encendidas? 

¿Cómo no me extraigo las venas 
y hago con ellas una escala 
para huir al otro lado de la noche? 

El principio ha dado a luz el final 
Todo continuará igual 
Las sonrisas gastadas 
El interés interesado 
Las preguntas de piedra en piedra 
Las gesticulaciones que remedan amor 
Todo continuará igual 

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo 
porque aún no les enseñaron 
que ya es demasiado tarde 

Señor 
Arroja los féretros de mi sangre 

Recuerdo mi niñez 
cuando yo era una anciana 
Las flores morían en mis manos 
porque la danza salvaje de la alegría 
les destruía el corazón 

Recuerdo las negras mañanas de sol 
cuando era niña 
es decir ayer 
es decir hace siglos 

Señor 
La jaula se ha vuelto pájaro 
y ha devorado mis esperanzas 

Señor 
La jaula se ha vuelto pájaro 
Qué haré con el miedo 


¡Feliz domingo! 

miércoles, 4 de octubre de 2017

Favoritos de septiembre

miércoles, 4 de octubre de 2017

Recuerdo cuando tenía veinte años y lamentaba la monotonía de mi vida: siempre las mismas calles, la misma gente, los mismos planes... Lo típico de esa edad: querer salir de tu cuevecita y explorar el mundo exterior, a lo Ariel. Y, a los veintinueve, creo que ya he asumido que el cambio constante es lo que por ahora toca.
Sí, ha habido nueva mudanza. Esta vez ha sido rara: he regresado a Galicia. Esperaba echar en la Comunidad de Madrid unos cuantos años más, pero la vida ha dicho que ya era hora de volver y me ha sentado bien, pues tras el curso pasado sabía que me hacía falta algo más que acabar en un municipio distinto de la Sierra Oeste. Bien. Así os lo digo. Bien. En un lugar pequeño, pero sin echar de menos en exceso las comodidades y posibilidades de la gran ciudad (todavía). Con bastante tiempo para estudiar, alguno para el ocio diario y una recién descubierta adicción a conducir (lo genial es que el coche, por ahora, sigue entero y nadie ha muerto; ya de cómo aparco os hablo en otra ocasión).
Lo que llevo mal: el proceso de mudanza (return tickets a Madrid en veinticuatro horas, nunca más, por favor; a no ser que de por medio haya algún metalero finlandés, como poco), la incertidumbre y los días eternos de espera, dejar allí abajo a alguna gente a la que echaré de menos ver a menudo. También me estresa ver la cantidad de objetos que he reunido tras unos cuantos alquileres variopintos: en unos había sartenes pero no ollas, en otros no existía la cubertería, a alguno me tuve que llevar lámparas propias y en el último hasta me tocó comprar una almohada. Total, que el ajuar ya lo tengo. (De la parte que es mi culpa (funko pops, libros, películas, marcos de fotos, carpetas...) no hablo, ¿lo habéis notado?).

Total, que poca ficción me ha permitido la vida consumir en septiembre, pero ha sido buena:


Películas


-Love Exposure (2008). Como persona que degusta cine de Miike Takashi, era un crimen no haber visto nunca una cinta del otro gran representante del eroguro contemporáneo: Sion Sono. Y me podría haber estrenado de muchas maneras, pero ¿una película de cuatro horas? ¿Por qué no? No es, como nada en este tipo de cine, para todos los paladares, pero me parece una obra maestra del entretenimiento. Las cuatro horas ni se le notan, no sobra ni un segundo de metraje y no deja de enganchar en ningún momento. Simplemente, imposible dejar de verla. Cambia de género continuamente, el guión es giro absurdo tras giro absurdo y los personajes tienen todos unas cuantas taras. Pero es que es deliciosa. Las interpretaciones son muy buenas (me sorprendió muchísimo el protagonista, Takahiro Nishijima, al que conocía como Nissy de AAA y jamás había visto actuar), el ritmo es glorioso y además se permite explorar temas como la familia, la religión y algunos aspectos poco limpios de la cultura japonesa. ¿Cómo lo hace? Hablando de bragas. BRAVO.

-Un dios salvaje (2011). He visto tantas cosas como maestra, que hasta el momento en que definitivamente se zambuye en lo absurdo vi perfectamente plausible lo que sucede entre los cuatro personajes de esta película. Dirigida por Roman Polanski, coloca a Kate Winslet, Jodie Foster, Christoph Waltz y John C. Reilly en un escenario del que apenas salen en sus 79 minutos; y les hace hablar sobre un conflicto entre los hijos de las dos parejas. Lo que sale de ahí es aterrador: las máscaras de educación y civismo se van cayendo poco a poco y sacan lo peor de cada uno de ellos, lo que hay detrás de las buenas intenciones (aparentes), sus miserias y sus frustraciones. Los bandos mutan, se diluyen, se reestructuran. Los argumentos bajan de nivel. Y los niños, mientras tanto, ignoran el efecto que producen en los adultos. Que me dices que ha pasado en el colegio de al lado, y me lo creo. Bravísimo por los cuatro actores.


Series


-The Defenders (2017). Tras no haber sido capaz de pasar del segundo episodio de Luke Cage y ni siquiera haberme molestado en ver Iron Fist, le tenía bastante miedo a The Defenders. Marvel prometía tanto en Netflix, y no ha cumplido con las expectativas. Daredevil es maravillosa y Jessica Jones le anda a la zaga, pero las otras dos están según todas las críticas muy por debajo. Sin embargo, The Defenders me ha gustado. No es ninguna maravilla, el guión para nada se acerca a la redondez de las dos temporadas de Daredevil, pero la química de esos personajes juntos tiene mucho potencial que me encantaría que volviera a explorarse en otra serie más sólida. Los personajes que menos me gustan son precisamente los dos protagonistas a los que apenas conocía, pero juntos funcionan muy bien. Jessica y Matt también forman un dúo interesante, y es siempre un placer volver a ver a mi Foggy, a Karen y a Claire. Elektra me fascina y me encanta dónde la deja el final de la serie. Ahora sí, el punto más fuerte es la parte visual, que va modificando la intensidad de los colores de acuerdo con los personajes que haya en pantalla y juega con esos efectos con mucho acierto. No me olvido: gran papel el de Sigourney Weaver, aunque su villana no me acabe de imponer demasiado al lado de Fisk.


Libros y cómics


-Orange, tomos 3, 4 y 5. ¡Qué manga tan bonito! Desde que leí el primer tomo, sabía que no iba a poder esperar mucho a conocer el desenlace. Y, francamente, tiene sus fallos y creo que le sobran algunos capítulos, pero los personajes son tan creíbles, carismáticos y entrañables que aun así deseamos ver más de ellos. En definitiva, es una historia sobre el sacrificio propio por aquellos a los que queremos; sobre la amistad y los años que pasan; sobre los remordimientos y la culpa; sobre los pequeños gestos que significan un mundo y que pueden dar un cambio radical a una situación. No deja de tener un punto triste de comienzo a fin, pero también es muy esperanzador. Para mí, es perfecto para ser adaptado a dorama.

-Daredevil Noir. Me lo regaló mi hermana hace un año y aún no lo había leído. Se trata de un tomo autoconclusivo dentro de la línea Noir de Marvel, y me parece una buena introducción al personaje y a su mundo. Es una historia sencilla, pero que integra algunos de los elementos que definen a Matt Murdock. Me fascinan los colores y las ilustraciones, así como algunas líneas memorables. Lo disfruté mucho.

-Sarah's Scribbles 2: un bollito feliz. No me he leído el primero íntegro, pero encontré por ahí el segundo y no me pude contener. Me encantan las viñetas de Sarah Andersen, me define a demasiados niveles. También me gustó mucho la parte final, en que cuenta historias de su vida y las ilustra. Muy disfrutable.

-La trágica historia del doctor Fausto, de Christopher Marlowe. Vaya mezcla, ¿no? En realidad, lo había leído hace mucho tiempo; pero la versión de Will (2017) del personaje de Marlowe me tiene tan encoñá que no podía no releerlo (he leído la versión larga, con escenas añadidas con respecto a la primera). Y es una joya. El personaje de Fausto, con todas sus contradicciones, está lleno de profundidad y matices y conecta con una sociedad encaminada al humanismo, pero también con la actual batalla entre globalización e individualismo. Me encantaría ver algún día esta obra representada.


Música

Mes mixto en cuanto a música. Tan sólo un título recurrente:

-Imperfection de Evanescence. Nunca me canso de este grupo ni de la voz de Amy Lee, y su nuevo tema me encanta. Hay un par de líneas en su letra que me tatuaría.



Viajes

No es un viaje como tal, pero estoy viviendo en Mondoñedo y lo poco que ya conozco de la Mariña Lucense ya me tiene perdidamente enamorada. A nivel paisajístico, es una zona bellísima; pero es que encima tiene una cantidad de patrimonio increíble y en cada pueblo te encuentras tesoros.  El gallego de esta zona es precioso y cuando salgo de casa veo cuervos y ovejas. Definitivamente, quiero seguir recorriendo la zona y disfrutándola.


Y así cerramos los favoritos del mes. ¿Qué tal ha ido vuestro septiembre? ¡Disfrutad de octubre!

sábado, 23 de septiembre de 2017

Mi bosque

sábado, 23 de septiembre de 2017
 Honour to tight little John,
And the horse he rode upon!
Honour to bold Robin Hood,
Sleeping in the underwood!
Honour to maid Marian,
And to all the Sherwood-clan!
Though their days have hurried by
Let us two a burden try.

¿Os pasa que, cuanto más deseáis hablar o escribir sobre algo, más lo vais aplazando? A mí me sucede con frecuencia, cuando hay algo que me quema y tengo que desarrollarlo y explorarlo y descubrirlo, que aparece una especie de bloqueo y no sé cómo abordarlo. Y entonces se me ocurre este parrafito introductorio, aludiendo al mismo obstáculo, y así rompo el hielo e inicio la entrada.

Soy fan de Robin Hood. Lo he sido desde que puedo recordar. Adoro con toda mi alma las buenas historias de aventuras (mi novela favorita, lo repito siempre que me es posible, es Los Tres Mosqueteros), y el personaje de Robin Hood tiene algo que lo hace universal y perenne.
No hay una versión exacta que me enamorara cuando era niña. Ahí estaba la cinta de Disney (que fuera un zorro, en mi caso, ayudaba bastante a que le cogiera cariño), ahí apareció también Devon Sawa a darle vida, y por supuesto que en mi casa el ladrón más famoso descansaba en algún que otro cuento. Pero no existe un Robin que yo tuviera como referencia de cría para estar, como estaba, embelesada. Era más bien la idea de Robin Hood: un forajido que vive en el bosque junto a sus amigos y se dedica a tender emboscadas a los ricos para repartir las ganancias entre los pobres. Vistas muchas versiones de la leyenda, no había Robin Hood que se acercara a mi idea de él (salvo el zorro): un héroe campechano, alegre, de modos despreocupados pero absolutamente comprometido con su causa.
Y tardó en llegar, pero llegó. Creo recordar que fue cuando estaba en Primero de carrera. Un día encendí el televisor y ahí estaban: Robin, Marian, Alan A’Dale, Little John, Will Scarlet y un personaje que no ubicaba pero que me fascinó: Much, el sirviente.
La versión de Robin Hood de la BBC no es, quizá, ninguna maravilla. Se trata de una serie sencilla, bienintencionada y dirigida a un público joven; envuelta en valores universales y protagonizada por el sentimiento de camaradería y justicia. Un momento, ¿qué decíamos que eran las historias de aventuras? Robin Hood de la BBC, al igual que The Musketeers y tantas otras, no son series afectadas o trascendentes, pero representan a la perfección lo que debe ser el género de aventuras. Y su Robin, el Robin que es Jonas Armstrong, encarnó por primera vez mi idea exacta del personaje (que no es sino el descrito por Howard Pyle), hasta el punto en que ya no soy capaz de entenderlo sin su voz, su acento y su sentido del humor.

Cuando cerré el itinerario de mis vacaciones del verano de 2017 y comprobé que, efectivamente, había conseguido incluir una parada en Nottingham, casi me dio la risa. Risa, porque amo a Robin Hood desde siempre y, aunque (creía) en la ciudad de Nottingham no iba a encontrar lo que buscaba (el bosque, el Roble, el espíritu), pisaría su comarca, el lugar desde el que el sheriff dictaba sus leyes y cobraba impuestos. Reino Unido es un lugar que me fascina y tenía (tengo) muchos lugares marcados para visitar, pero Nottingham siempre ha salido entre los primeros. No, no imaginaba que, apenas unas semanas más tarde, me llegaría la notificación del Festival de Robin Hood y descubriría que SÍ que había transporte al bosque de Sherwood (en un inicio no había encontrado nada), y que ambas cosas confluían en el único día entero que iba a pasar por la zona. No se me ocurren casualidades más maravillosas.
Durante el mes de julio, antes de salir de viaje, me dio tiempo de buscar en la estantería mi colección original de Robin Hood de la BBC y volver a ver las dos primeras temporadas (confieso que, aunque lo intenté en su momento, jamás he logrado avanzar con la tercera; me quedo con su capítulo primero y último y obvio la existencia de los demás). Ya habían transcurrido unos años desde el anterior visionado, y esa serie es como un viejo amigo con el que te reencuentras: te sorprenden aspectos que no habías notado antes y, a la vez, sonríes porque le conoces y le quieres.
Iba con la lágrima a flor de piel: la segunda temporada de la serie acaba conmigo. Pero, aun así, fui capaz de vestirme y llegar caminando a la estación de autobuses de Nottingham y tomar el Arrow Bus al bosque de Sherwood, todo esto con un mocca del Costa Coffee en la mano y un ataque de risa reprimido. Y el bus paró y nos dejó en Edwinstowe, muy cerca del acceso al Centro de Visitantes del bosque, y de repente todo era magia.
El Robin Hood Festival se celebra todos los años durante una semana entre finales de julio y comienzos de agosto, abarcando actividades tales como: actuaciones musicales, cetrería, tiro con arco, números acrobáticos, justas... La típica celebración medieval, de no ser por el entorno en el que se ubica y porque los combatientes son los mismísimos hombres de Robin Hood contra las fuerzas del sheriff; y, entre pase y pase, es posible charlar con ellos y recibir alguna que otra reprimenda de los guardias.

Y os hablaría del Festival, pero no quiero hacerlo. Quiero hablaros de la sensación durante los primeros metros que recorrí en el bosque, en senderos acotados bordeados de arboleda con vistas a lo profundo e inhóspito. Quiero hablaros de lo que fue para mí verme rodeada, de pronto, de niños que llevaban gorros verdes y arcos de madera. Quiero hablaros de qué me ocurrió en el estómago cuando salí del pequeño museo donde se nos van narrando el mito y los orígenes de éste y cómo reaccionaron mis rodillas al llegar, tras un paseo, al majestuoso Major Oak, que quizá no sea el mismo de la leyenda pero sin duda la revive.
Llegar al bosque, a mi bosque, en aquel momento preciso, fue volver a tener cinco años. Se me llenaron los ojos de lágrimas en cuestión de minutos y no podía borrarme la sonrisa de la boca. Recordé una cosa de la serie de la BBC, algo que siempre me ha parecido que sintetiza bien la idea detrás de Robin Hood y los Green Men: “Nosotros somos Robin Hood. Todos nosotros, los que somos capaces de ver las injusticias, los que creemos en la igualdad, los que nos sentimos ajenos a un mundo movido por los intereses. Los que le conocemos y amamos, los que nunca seremos nosotros mismos sin la existencia del ladrón de ladrones.
Y, paseando, me dejé llevar por caminos menos concurridos y observé cómo algunas vacas y ovejas reclamaban para sí las zonas del bosque que la gente no visita. Y escuché graznidos y relinchos y vi sólo árboles de mi posición al horizonte, y me supe un poco más en casa, un poco más en mí.
¿Os pasa que, cuanto más deseáis hablar o escribir sobre algo, más os cuesta encontrar las palabras correctas? No creo que Robin, Marian, Will o mis queridos Much y Djaq de la serie sean menos parte de mí que mi hígado o mis pulmones. Y todo ese universo me resulta tan querido y cercano que encontrarme cara a cara con él no es más que abrir la puerta de casa. El pasado mes de julio, sin haberlo planeado, aterricé en Nottingham en el momento justo. Y ese momento es uno de los recuerdos que me voy a llevar a la tumba, y uno de los que pienso luchar con todas mis fuerzas por repetir. Porque el bosque, mi bosque, es un lugar donde viviría y cantaría canciones y recaudaría monedas y joyas que no necesito para mí. Es un lugar que se esconde en cada una de mis palabras y que aparece, de una u otra forma, en cada sueño que alimento.


La vida es esto.  
~House of the silent~ © 2014